jueves, 17 de noviembre de 2011

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viernes, 5 de marzo de 2010

EL DIFUNTO JOSÉ

Joaquín García Monge


"No conocía al difunto José. Tengo de él, sin embargo, una impresión tan viva como si realmente lo hubiera conocido.

Lo que va a saberse ocurrió en tierras cálidas del Pacífico. Me lo contó la madre del "difunto José" (como ella decía), indiecilla flaca y laboriosa.

El padre del difunto José era cholo macizo y holgazán; bebía con frecuencia. El muchacho les resultó canijo, taciturno y amigo de la soledad. Siempre metido en el hogar. No hacía caso del trago, ni de las mujeres, ni de las juntas. Para la madre, el difunto José era un santo. No se parecía en nada a ninguno de los hombres que ella había conocido. De sus hijos, era el que más quería. En los contornos se tenía de él este mismo respetuoso juicio.

Trabajaba lo bastante. Pero más gustaba de la caza. De modo que los días festivos cogía la guápil y se iba a matar pavas y tepescuintles por los montes vecinos.

Una tarde en que había cierta indecible e inevitable tristeza en todas las cosas, el difunto José salió con la guápil al hombro por el sendero de costumbre, sin decir palabra, como siempre, y sin que ello preocupara lo más mínimo a los de su casa. A cierta distancia, se detuvo a la boca de un barranco, alistó la guápil y tranquilamente se pegó los dos tiros.

Como el hijo no regresara, la madre comenzó a preocuparse. Ciertas aves agoreras, al anochecer, algo deplorable le habían anunciado con sus gritos, cuando vinieron a posarse en el naranjo que sombreaba el rancho.

Ya de noche, cansado de esperar y a instancias de la indiecilla, salieron el padre y el otro de los hijos en busca del difunto José. Iban profiriendo malas palabras en el camino. Apenas si veían, a la escasa luz de una linterna. ¡Angustiosa y peligrosa busca! Que en balde duró hasta pasada la medianoche. Regresaron sin noticias. La indiecilla los aguardaba ansiosa. Inquieta, rezaba y con una de las puntas del pañuelo que le cubría las espaldas, secábase las lágrimas, una que otra. Porque el eco, al amparo de la soledad nocturna, le había traído a sus oídos el vano y angustioso clamor paternal: ¡José!, ¡José!...

El trágico remate se conoció al día siguiente, cuando fue posible hallar al difunto. La guápil se quedó entre unas matas, pero el cuerpo rodó más. Lo hallaron mutilado, ensangrentado.

Años más tarde, aún ocurría esto: de raro en raro, la indiecilla recibía promesas de los conocidos –cristianos piadosos–: tapas de dulce, puñitos de frijoles, y pesetas. La indiecilla con eso compraba candelas y las prendía al alma de difunto José, que era alma milagrosa."









jueves, 10 de diciembre de 2009

Me encantó esta capacitación. Aprendí a utilizar muchas herramientas. Es una grandiosa forma de atraer a los muchachos y a la vez ganarle la competencia a la red, que día con día nos quita más alumnos.
Los discentes necesitan motivaciones para leer, crearles el hábito de lectura, y de esta forma enriquecer su vocabulario y comprensión.
Gracias por haberme tomado en cuenta...

Dia 4 El guardapelo

Ya hasta que por fin me ubique en el asunto y, si definitivamente es nueva experiencia para el analisis y entendimiento de los textos literarios.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Clase Día 2 Gisela

Alice es un programa novedoso que les da, a los estudiantes, la posibilidad de poner en práctica todas las ideas novedosas y creativas de sus mentes.
Con estas herramientas los alumnos se motivan realmente a aprender y a sentir una estrecha relación con los contenidos vistos en clase, sin la necesidad de la monotonía y la repetición.

Clase Día 1 Gisela

Me parece muy bien que los profesores nos actualicemos y usemos nuevas metodologías para impartir nuestras clases.
Sobre todo porque hay que utilizar las nuevas herramientas tecnológicas que se nos dan.

es muy interesante conocer todas las herramientas que nos ofrece la tecnologia para lograr el interes de los muchachos